El duelo es un proceso fundamental para los familiares que han perdido seres queridos, y su adecuada elaboración resulta clave para evitar complicaciones emocionales y psicológicas. Según estadísticas del Ministerio de Salud y Protección Social, en 2020 hubo 51.170 casos fatales por COVID-19. Además, el DANE reportó que el 28 de mayo de 2021 se alcanzaron más de 500 defunciones diarias, cifra que se mantuvo hasta el 8 de julio del mismo año. La imposibilidad de llevar a cabo rituales de despedida tradicionales, como velaciones y entierros, ha afectado gravemente la capacidad de muchas personas para elaborar su duelo. La entrega de cuerpos en bolsas selladas, sin posibilidad de ver al ser querido por última vez, añade una capa de angustia y trauma que dificulta aún más el proceso de aceptación de la pérdida.
En ausencia de rituales, las familias enfrentan un mayor riesgo de complicaciones en el duelo, lo que resalta la necesidad de buscar alternativas de apoyo emocional y psicológico. El apoyo adecuado puede ser clave para evitar que las emociones asociadas con la pérdida se desborden en complicaciones como depresión o ansiedad.
De manera similar, los familiares de las víctimas del conflicto armado en Colombia han enfrentado un proceso de duelo profundamente complicado. El Observatorio de Memoria Histórica actualizó en agosto de 2022 las cifras sobre el conflicto, documentando 360.220 eventos violentos que resultaron en 269.367 muertes. De este total, 219.672 fueron civiles, 49.265 combatientes y 430 sin información. La falta de verdad, justicia y reparación ha impedido que muchas familias realicen un duelo adecuado, lo que perpetúa un dolor profundo y prolongado.
Al igual que en el caso del COVID-19, la ausencia de rituales y la incertidumbre sobre el destino de los desaparecidos añaden complejidad al duelo. Cuando no se resuelven estas pérdidas a nivel colectivo, las consecuencias pueden afectar el tejido social de una nación, creando una necesidad urgente de sanación, justicia y reconciliación.
La forma en que se experimenta la pérdida, ya sea inesperada, violenta o traumática, deja una marca profunda en las personas. Las circunstancias que rodean la pérdida, como la falta de despedidas adecuadas o la imposibilidad de verificar el estado del ser querido antes de su entierro, pueden prolongar y exacerbar el dolor. Comprender el impacto único de estas experiencias es esencial para ayudar a las personas a buscar el apoyo necesario y encontrar formas de afrontar una situación tan compleja.
Cuando el duelo no se aborda de manera adecuada, pueden surgir complicaciones significativas, que van desde la depresión y la ansiedad hasta problemas de salud física y dificultades en las relaciones interpersonales. Es crucial procesar las emociones asociadas con la pérdida, buscar apoyo social y profesional, y reconstruir el significado de la vida sin la persona fallecida. Reconocerse en experiencias similares y animarse a iniciar el proceso de duelo puede ser un paso importante hacia la sanación emocional.
El proceso de duelo se describe comúnmente a través de las cinco etapas propuestas por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Estas etapas no siguen un orden rígido y pueden manifestarse de manera distinta en cada persona. La negación es un mecanismo de defensa que nos ayuda a amortiguar el impacto inicial de la pérdida, mientras que la ira refleja la frustración ante lo que se percibe como una injusticia. La negociación es una búsqueda desesperada de revertir la pérdida, y la depresión refleja la magnitud del dolor. La aceptación, por último, no implica olvidar o superar por completo la pérdida, sino más bien integrar en la vida cotidiana.
Escrito por: Estefania Morales B.
Psicóloga y Maestrante en psicología de la salud
Escritora y fundadora de Resiliencia Femenina